Lamentablemente leí "Nanai" de Daniela Pérez.
Lo bueno:
1) Es rápido de leer.
Fin.
Jamás había escuchado de este libro y cuando lo vi con descuento en BuscaLibre dije ¿por qué no le damos una oportunidad a la literatura nacional? Había leído "El hambre de las bestias" de Victoria Valenzuela y quedé tan satisfecha con esa lectura que leer a otra escritora chilena me pareció una buena idea. Menos mal que "Nanai" costó menos de cinco mil pesos con envío incluido porque POR DIOS QUE ME HIZO ENOJAR ESTE LIBRO.
No tengo idea de la vida personal de la autora y tampoco me interesa, pues para mí lo importante es que la obra hable por sí sola. Sin embargo, espero de corazón que Daniela Pérez no sea efectivamente de clase media, sino que sea una cuica abajista y progre que encuentra súper bacán la ropa americana y que su respuesta para todo es "eat the rich", "cuicos culiaos arruinaron Chile" y entre otros dichos de los progres de Ñuñoa porque en el libro (¿novela?, ¿ficción autobiográfica?, quién sabe) deja tan mal parada a la clase media que me sentí personalmente violentada.
Sí, supongo que todos y todas quienes formamos parte de la amplia clase media chilena hemos experimentado en algún momento las (pocas) desventajas de ser parte del medio. De ese grupo con demasiada plata para los bonos del gobierno, para las becas en universidades tradicionales, para la JUNAEB, pero demasiado *pobre* para pagar sin ningún problema tres carreras universitarias, estudios en el extranjero en universidades de la Ivy League y, claramente, sin pitutos que te aseguran pega antes de entrar a primer año de U. Sí, ¿saben qué? Es una lata, pero la Daniela Pérez del libro, esa que estudia en una universidad privada con una beca total, que odia a los cuicos pero que no hace nada por alejarse, sino que solo se queja de la TERRIBLE DESDICHA de estar rodeada de hijitos de papá y minas huecas. Daniela sufre mucho por ser un pez fuera del agua, por ser la mina sin plata dentro de ente mundo de gente millonaria, pero no hace nada. Sufre y se queja. No hace nada más (¿cambios internos?, ¿trabajar y dar la PSU (caída de carnet) de nuevo? No sé mija, ¡haga algo si le molestan tanto las Consuelos, las Trinis, las Rosario!).
Según mi parecer no había mucha conexión entre la desdicha de la clase media, para nada acomodada como Daniela insistía, y sus decisiones. Está bien tener ambiciones, al final es uno de los tantos motores que nos mueven, y no tenemos que conformarnos con menos de lo que creemos merecer. No obstante, si estamos en un momento crítico y muy, muy, estresante como lo es la búsqueda de la práctica profesional no nos vamos a poner exquisitos, ¿no? No creo que una práctica en TVN (por muy muerto que esté el canal) sea algo que nos daría vergüenza poner en el CV. Bueno, a Daniela parece que sí, así que se va al diario "La Vanguardia" en donde se queja de que no puede escribir los reportajes que quiere porque "todo tiene que ser de Plaza Italia para arriba". Mira, entonces manda CV a "The Clinic", no sé poh, no leo diarios nacionales aparte de "El Mercurio" (a veces y porque un profe de la U dijo que era el que tenía la mejor prensa internacional) así que no cacho mucho, pero supongo que ahí deberían aceptar más comunas en su contenido. Nuestra Daniela es muy quedada y, más encima, quejumbrosa, pero en verdad da un poco lo mismo porque siempre sale bien parada aunque sea de clase media.
Hay, claramente, más cosas que me molestan pero vamos al tema central de este libro:
Daniela Pérez tiene 24 años, jamás se ha enamorado ni ha tenido sexo. Es virgen y eso es lo peor que le pudo haber pasado a una mujer nacida en Latinoamérica. Ser virgen a los 24 años. Un momento de silencio por tal tragedia.
Quise tomármelo con humor, de hecho pensé que todo sería para la risa. Esta cruzada por poder, (¡por fin!) entrar en contacto con un pene, pero no. La narradora no me causaba nada más que disgusto. En realidad parece que cuando no hay ningún problema de peso una empieza a quejarse de llena, menos Daniela, claro, pues recordemos que la pobre es de clase media.
Y mira, lo entiendo. En una sociedad que sigue siendo muy conservadora, la práctica del sexo es un tema. Para hombres y mujeres, lo es. Si no perdiste tu virginidad antes de los 17 años pues bueno, vaya apurándose que si no se le va a ir el tren. No importa si te trauman sexual y emocionalmente, no importa si no querías hacerlo por ti, sino que por presión social. La cosa es hacerlo y sacarte el cacho, el estigma, cuanto antes. Cada persona es un mundo en sí mismo, por lo que si tener tu primera experiencia sexual a los 16 años no fue una cosa horrorosa, pues me alegro muchísimo, pero hay personas que por un motivo u otro no están emocional o mentalmente preparadas para hacerlo a "tan temprana edad" por decirlo de alguna forma y eso es tan respetable como lo otro. No existe una única respuesta para esto, todo depende de cada uno.
El tema central, la virginidad como concepto, me interesa muchísimo. Cómo es que algo tan humano como el primer encuentro sexual puede estar tan cargado de culpa, de vergüenza y de deseo. Cómo es que para algunos es algo tan insignificante y para otros (creyentes o no) puede ser un momento de quiebre, un hito en tu historia en esta tierra. En "Nanai" la discusión sobre la virginidad es tan superficial que en realidad me costó creer que para la narradora de verdad fuera algo importante como ella tanto recalcaba. En una de sus reflexiones, Daniela llega a la conclusión de que a ella lo que le importaba era enamorarse más que tener sexo por dejar de "ser virgen". Su nula práctica sexual era sólo falta de amor de pareja y ese tema, el amor, uno de los grandes temas de la humanidad, tampoco fue bien tratado en mi opinión.
¿Es necesario estar enamorado para *perder la virginidad*? Para algunos sí, para otros no. Para Daniela sí lo era... ¿o no? Tal vez sólo necesitaba cruzarse con un cuico mino para decidir tener sexo por primera vez. Y claro, eso necesitaba. Tirarse a un cuico rubio que le gustan las series, igual que a ella; una joven de clase media que le gusta la tele y el pan con queso. Han pasado tres días, más o menos, desde que lo terminé y aún me cuesta entender si su relación con Vicente, el rucio mino y que es muy cuico pero no arrogante (o sea, no es como los otros cuicos, es un cuico cool) tenía algo más de profundidad aparte de la programación de la tele. ¿Se había enamorado de un tipo al que vio contadas veces?, ¿o solo le gustaba mucho?, ¿tenía que enamorarse para tener sexo o simplemente tenía que gustarle un tipo guapo y con plata? No entiendo, esta cabra en vez de 24 parecía tener 14.
En fin, ¿para qué seguir si ya quedó claro que no me gustó nada? Tenía tanto, tanto potencial. Podía tratar temas tan importantes, temas que no tienen una respuesta única e irrefutable y lo único que hizo la autora por 150 páginas fue nada. Nada de profundidad. Nada de desarrollo. Nada de crecimiento. Nada. Solo que al final Daniela deja de ser virgen y parece que todos sus problemas (¿cuáles?) se solucionaron.

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